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—Espero que no me estés mintiendo —sacó su teléfono celular del bolsillo del pantalón, rebuscó en la galería y le mostró a Cara una foto—, porque si no tu hermanito, será quien pagará las consecuencias —le tocó la punta de la nariz con el dedo índice, y por último le guiñó el ojo—. Ahora estás advertida, mi querida Cara Wanke.
Después de decir aquello, guardó el aparato de nuevo y salió de la sala sin mirarla.
Cuando sintió el golpe de la puerta, Cara se permitió que las lágrimas rodara