La boda había pasado y, con la ayuda de su nuevo papá y los encargados de la mudanza que él contrató, Isabelle y su mamá pudieron instalarse en su casa unos días después.
Al entrar en su nueva habitación, Isabelle no pudo evitar maravillarse ante su tamaño: era tres veces más grande que la anterior. Emocionada por hacerla suya, se acomodó en la cama y encendió la televisión, esperando relajarse con su K-drama favorito. Esa clase de series siempre parecían darle paz, la mayoría de las veces.
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