Punto de vista de Rainbow
El vuelo a nuestro destino duró dieciséis horas de una transición surrealista: del torbellino de nuestra boda a algo más tranquilo e íntimo.
—Estamos casados —no dejaba de repetirle a Damon como un mantra mientras volábamos sobre el Pacífico—. De verdad estamos casados.
Él me apretó la mano, su pulgar trazando círculos perezosos sobre mis nudillos.
—Lo sé. Yo estuve allí —su voz tenía ese tono burlón familiar, pero sus ojos eran suaves—. ¿Ya tienes dudas?
—Nunca —apoyé