Tomaron sus manos con fuerza, sus cuerpos cubiertos por sus grandes abrigos, la lluvia se había detenido pero ellos aún cubrían su cabeza y parte de su rostro, aún estaban en la mira, hasta que este asunto no estuviera arreglado al cien por ciento, aún tenían que caminar cuidando sus espaldas.
—Tomemos un taxi. —sugirió Henry levantando la mano para dar la señal de que el taxista los recogiera.
—Cuando lleguemos a la casa ¿me contaras que sucedió? —preguntó Layla.
Henry se volvió a verla por