Henry cubrió los ojos de Layla con una venda roja, guiando sus pasos hasta el jardín, el hombre sonrió observando lo nerviosa que su novia se encontraba, la risita de sus hijos se oyó y Layla no pudo evitar sonreír ampliamente. La venda fue retirada de sus ojos con mucho cuidado y lentitud, ante ellos una vista espléndida del atardecer, el sol escondiendo sus rayos detrás del mar infinito, la arena casi blanca bajo sus pies le daba una sensación de paz inexplicable, pero esa vista hermosa que s