Soledad estaba a punto de abandonar su alma, en verdad este hombre no tenía pulso, pues ya había tomado varias veces la muñeca del hombre y no sentía absolutamente nada.
—Y ahora ¿qué hago? ¡maldita sea!, no puedo salir así —ella habla furiosa.
Soledad caminaba de lado a lado, por lo visto el día de hoy era lo único que se la había pasado haciendo, además de no ser uno de los mejores días de ella.
Se sentó una vez más en una silla que había y después de mucho pensarlo decidió llamar a Lucas, pu