Soledad alzó su mirada y vio al ser más asqueroso que se hubiera imaginado, si, ya habían estado los dos, solo que está vez verlo sentado sobre la cama y solo con una bata, la cual tenía toda abierta, hizo que Soledad quisiera vomitar en ese mismo momento.
——Pasa muñeca. —Soledad entró en la habitación, no sin antes sentir unas ganas profundas de matar al hombre que tenía justo enfrente.
—No entiendo porque cambia los días que me pido verme, se supone que son cada cuatro días y apenas llevamos