Soledad camino a pasos agigantados hacia donde Emma todavía sobaba su cabeza, pues en verdad le dolía y más después del tremendo empujón que le dió Leo.
—Callate, no digas nada —dijo Soledad llevando sus manos a la boca de Emma, la cual asintió y le indico que caminarán hacia su habitación.
Las dos caminaron hacia la habitación de Emma quien al ingresar se puso seguro en la puerta.
—Señora Soledad, cómo es posible que usted siga con vida. —Emma no termino de hablar
—Ni se te ocurra decirle alg