Rael golpeó una casilla del tablero que parecía poner en peligro el juego de Olivia, que suspiró y puso cara de aburrimiento. La forma en que el aire salía de su boca hizo que unos mechones de pelo cayeran sobre su cara y Rael los recogió suavemente y se los puso detrás de la oreja.
Apreté los ojos y luego me pasé los dedos por ellos, insegura de si estaba alucinando. Por supuesto que no sentía nada por aquella mujer más que rabia, odio y deseo de venganza. Pero eso no le daba derecho a Rael a