Pasaron unos días y Luciano no venía a la finca de mis padres. No estaba seguro de cuán regulares eran sus visitas, pero pensé que eran más frecuentes. Todavía no pregunté por él y mis padres tampoco mencionaron nada. El miércoles mi coche volvió del taller. Y estaba en perfectas condiciones de nuevo. Mi papá me hizo prometer que no pondría a nadie en peligro por conducir y le aseguré que sería prudente. Se moría por volver a girar la llave y sentir su potencia. No sabía cocinar, era un pésimo