- ¿Por qué no me dijiste eso antes? – pregunté sin evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas.
- Nunca me diste una oportunidad... Parece que siempre te escapaste de mí.
- De alguna manera siempre te metías conmigo... Siempre me ponía nerviosa. - Confesé.
- Eso me hizo pensar que no sentías nada por mí, al contrario, me repudiabas.
Bajé los ojos. Él continuó:
- Cuando te besé en el club y fui correspondido, me di cuenta de que tal vez tenías sentimientos por mí, sí. Por mucho que no me digas,