[DANIEL]
Entonces, después de cinco minutos parado frente a la habitación, decidiendo si entrar o no entrar de nuevo ahí, hacerle el amor y arruinarlo todo, mandé todo al carajo y entré, solo para que mis ganas de volver a salir regresaran.
—Lo siento, Dan. Pensé que te gustaban las mujeres y por eso yo...
—¡Espera! ¿¡Qué!?
¿¡Qué rayos estaba maquinando con esa perturbadora y maquiavélica mente esta mujer!?
—Es que, después de lo que casi pasó entre nosotros desde que regresé, pensé que aún te