[CONTINUACIÓN]
Casi 3 horas tratando de calmar a esos pequeños monstruos.
En realidad eran imposibles y eso que dos de ellas eran mis hijas.
La casa era un desastre, los sofás estaban manchados de pintura y ni hablar de las paredes totalmente garafateadas con crayones y la cocina rebasaba de harina por todos lados.
Pero finalmente todos habían caído dormidos y yo tenía otros planes con la chica que estaba tratando de quitarse el merengue del cabello en la ducha.
La esperé en la recámara, y para