Scarlett Valenti.
Por un instante había olvidado que yo vivía con él mismísimo demonio. Tan arrogante y peligroso como los enemigos que nos acechaban en las sombras.
Había vuelto a caer en su juego de provocación como si fuera una adolescente. Había olvidado el poder que tenía para desestabilizarme, para hacerme olvidar mis propias preguntas con solo una sonrisa y un roce de sus dedos sobre mi piel. Y eso me enfurecía más que cualquier otra cosa. No contra él. Contra mí misma.
¿Cómo podía haber