No supo cuánto tiempo corrió, pero al mirar atrás, notó que ya no estaba en el aeropuerto. Ella quería alejarse lo más posible, pero sentía que su cuerpo no podía más, además de un poco de dolor en su cadera. Bajó al niño para tomarlo de la mano.
--Aguanta, bebé, agárrate de las entrañas. Sí, discúlpame por hacerte correr --susurró cuando puso la mano en su vientre.
--Lo siento, bebé --sonrió Marie cuando sintió que las manos del niño también se posaban en su vientre--. Debemos seguir caminand