LOIS
Aquel sábado fue maravilloso con Emmanuel.
El domingo estuvimos juntos toda la mañana, hasta el almuerzo.
Él había aparecido en mi casa desde temprano, de nuevo metiéndose en mi cama, de nuevo sucediendo lo obvio, pero ahora con más calma, sin la misma desesperación del sábado.
Se fue después del almuerzo y me dijo que nos veríamos en la noche, en la cancha que quedaba en el pabellón D, pero no sucedió.
Eran casi las once de la noche, pero él no llegaba.
Habíamos quedado a las nueve y medi