Sofía apuntó su arma directamente a Henny, su voz temblando pero firme.
—Hice todo lo que pediste. Maté a Álex. Ahora deja ir a mi madre y hermano.
Henny aplaudió burlonamente, una sonrisa retorcida extendiéndose por su cara.
—¡Me gusta tu espíritu, niña! Una mujer real tiene que ser astuta y despiadada. ¿Sabes? Maté a mi propio esposo porque se interponía en mi camino.
Sus ojos se estrecharon con diversión cruel.
—Si tan solo no fueras la nieta de Betty, si tan solo no fuéramos enemigas, tal ve