Álex recordó vívidamente que todos los guardias de Owen yacían fríos y sin vida en charcos de su propia sangre.
—Josefina —dijo, su voz cargada con una intensidad oscura—, cuando uno elige caminar el sendero sombreado por demasiado tiempo, inevitablemente se convierte en los mismos demonios que una vez temió. Incluso si le quedaba una pizca de decencia, cuando llueve el juicio, se ahogará en él.
—¿Qué estás tratando de decir? —la voz de Josefina tembló, ojos abiertos con confusión.
—La policía y