—¿He dejado todo cristalino, no es así? ¿Pero desde cuándo has confiado en una sola palabra que sale de mi boca? —chasqueó Álex.
—¡Deberías habérmelo explicado todo, al menos! ¿Cómo se supone que te crea cuando nunca tratas nada con verdadera seriedad? —le respondió Sofía, su ira hirviendo.
—Así que es mi culpa otra vez —murmuró Álex, sintiendo una ola de agotamiento lavarlo.
—Siempre estoy mal, sin importar lo que haga. ¿Y tú? Siempre tienes razón. Perfecto. Que sea a tu manera: tienes razón.
—