Bella arqueó su ceja perfectamente manicurada y, con deliberación lenta, levantó su pie calzado con estilete.
Se limpió la mancha de sangre de su tacón contra la boca de Sofía.
Entonces escupió, llena de desprecio, directo sobre el cuerpo desmayado de la mujer.
—Sáquenla de mi vista —gritó Bella, lanzando fríamente su mirada a los dos guardaespaldas.
No es digna de respirar el mismo aire que el resto de nosotros. Asegúrense de que ustedes dos lo disfruten.
Sin vacilación, los guardias agarraron