Florence y Jack fulminaban con la mirada junto a la ventana, rebosantes de un desdén venenoso mientras maldecían Álex.
— Lo juro por Dios, — silbó Jack, golpeando la mesa con la palma — el mundo se ha vuelto loco si ese incompetente inútil es dueño de este hotel.
Florence se inclinó hacia adelante con una mirada viciosa, con sus palabras cargadas de veneno — Exacto. Ese parásito vive de la bondad de Jasmine. Sin su lástima, estaría en la calle, revolcándose en su propia miseria.
Jack soltó una r