—Bien, así es como termina.
La voz de Sofía vaciló, frágil pero decidida, su mirada distante e irreconocible se sentía como el último adiós no pronunciado.
Un dolor agridulce se desplegó en su pecho. Él había entrado en su vida como una tormenta no invitada, alterando todo, y ahora, se marchaba tan inesperadamente como llegó, en el peor momento posible. Quizás la única opción que le quedaba era dejarlo ir, permitir que su recuerdo se disolviera como un sueño que se desvanece al amanecer.
—Claro