Álex respiró profundo, suprimiendo su energía hasta igualar a los guardias en aproximadamente, el nivel veinte.
En una fracción de segundo, lanzó un puñetazo rápido al guardia más cercano. La cara del hombre se hundió bajo el golpe, su nariz se rompió, la sangre salpicó y dos dientes volaron por los aires.
Todos quedaron paralizados. Nunca imaginaron que Álex respondería con tanta ferocidad y rapidez. El “pollo”, que habían planeado cazar, repentinamente se había transformado en un tigre.
El ros