Stella Blake
Tan pronto como entramos en el centro comercial, toda la atención se volvió hacia nosotros.
No era mi imaginación.
Las personas se detenían, giraban la cabeza, cuchicheaban entre ellas señalando en nuestra dirección.
Dominic caminaba a mi lado como si nada estuviera pasando. Las manos en los bolsillos, la barbilla erguida, la mirada fija al frente. Estaba acostumbrado. Para él, aquello era solo un día más.
Para mí, cada mirada era una aguja.
Tres mujeres uniformadas surgieron