No entiendo qué hace aquí en mi trabajo. Teníamos un acuerdo claro: nuestras noches eran solo eso, noches. Nada más.
— ¿Qué haces aquí? — pregunto serio, sin las formalidades del buenos días. No tengo tiempo para juegos ni sorpresas desagradables.
Ella sonríe y se sienta en la silla frente a mí, sin mi permiso, lo cual odio. Cruza las piernas lentamente, como si estuviera en una pasarela, y apoya los codos en mi mesa.
— Amor, me enteré de que te casaste y me pareció tan extraño, vine a saber