Stella Blake
El coche de Dominic se estacionó en el aparcamiento de la universidad y, en menos de cinco segundos, todas las miradas se volvieron hacia él.
No era una exageración. La gente dejaba de caminar, giraba la cabeza, señalaba. Algunos sacaban el teléfono del bolso, otros cuchicheaban con sus amigos. Parecía que una celebridad acababa de desembarcar.
— ¿Seguro que estás bien para tener clases hoy? — preguntó él, la mano todavía en el volante, los ojos fijos en mí.
— Sí — respondí cor