Dominic Scott
El whisky quemó mi garganta al bajar.
Estaba sentado en el sofá de la sala, el vaso en la mano, la botella ya por la mitad en la mesa de centro. El apartamento estaba silencioso — demasiado silencioso. Siempre lo había estado. Pero hoy el silencio parecía más pesado, como si las paredes estuvieran escuchándome pensar.
Eres asqueroso.
La voz de Stella resonaba en mi cabeza.
Eres un hombre asqueroso, que usa el poder que tiene para hacer que los demás se sientan pequeños.
Bebí otro