— Sí — respondí, con la voz tensa. — ¿Quién habla?
— Soy yo, Dean.
¿Dean? ¿Por qué Dean, un guardia de tránsito amigo mío y de Diego, me llamaba a esa hora de la noche? Un escalofrío recorrió mi espalda.
— ¿Dean? — pregunté, encontrando extraño el tono dudoso de él. — ¿Por qué me llamas?
Pareció dudar al otro lado.
— Sofía — dijo, con la voz cargada de pesar —, hemos encontrado un coche volcado en la carretera. Es el coche de Dominic.
Sentí el suelo abrirse bajo mis pies. Las náuseas subieron p