Sofía Scott
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Mi hermano y yo nunca tuvimos esa conexión de gemelos que todos dicen tener. Tal vez siempre fuéramos muy diferentes — él, el mayor por diez minutos, siempre tan cerrado y racional; yo, la menor, más emotiva y expansiva. Nunca sentimos dolor cuando uno de nosotros sentía, nunca enfermamos juntos, nunca sentí sus emociones a distancia. Y tampoco tuve nunca esa sensación de que él estuviera en peligro. Pero aquella noche, algo cambió. Una inquietud profunda se instaló en mi pecho,