49. El Ecograma
—Me vine a casa, Ambra. Estoy exhausta, y debo prepararme para el viaje el viernes.
—Te entiendo, puede ser otro día. Y no olvides que si necesitas hablar de algo que te esté poniendo mal, puedo ser tu confidente.
—Sí, lo agradezco. Pasa una linda noche.
—Igual, nos vemos mañana.
Dejo el aparato en la cama; entonces suspiro a orillas de la colcha. Me saco el calzado, pronto voy al baño a ducharme. Los siguientes días son cruciales, sí o sí Silvain debe saberlo. Hoy en la junta me sentí extr