38. NADIE ESCLAVIZA A MI MUJER
NARRADORA
— Yo la salvaré, cachorro, te lo prometo — Damon tomó su carita sucia entre sus manos— Somos una familia.
Soren miró fijamente a esas pupilas color índigo, llenas de ira y poder.
Sabía que era pequeño, solo un estorbo, asintió a regañadientes, accediendo a esconderse entre las ramas altas de uno de los árboles cercano a la manada.
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Damon corrió como un desquiciado.
Pero por mucho que se apuró, los saqueadores atacaban rápido, se llevaban los esclavos, las pocas riquezas y co