72. Caprichos.
~Ivette~
El pueblo era una explosión de vida que me obligó a olvidar por un instante la irritación que sentía hacia el hombre que me sujetaba.
Las casitas tenían fachadas pintadas de colores vibrantes —azules intensos, amarillos chillones y rosas—, dándole a todo el lugar un aire vivo. El aroma a pan recién horneado se mezclaba con el de las flores frescas que colgaban de los balcones de madera, y el bullicio de los vendedores locales ofreciendo sus artesanías me hizo recordar a Weston.
Todo