12. Una mancha en la familia
~Rowan~
Crucé el umbral de la mansión con los puños tan apretados que los nudillos me dolían. El eco de las risas de las empleadas en el jardín seguía martilleándome los oídos. Era inaceptable. Apenas ponía un pie en Boston y esa mujer ya se las había arreglado para convertir mi entrada triunfal en un espectáculo de circo barato.
Tener que ver su ropa interior remendada esparcida por el camino de piedra de mi propia casa fue la humillación final. Me sentía sucio, como si el polvo de la finca