Después de una gran despedida, donde los niños casi se ponen a llorar al no ser adoptados, pero con la promesa de que volverían más tarde. Ellos se dispusieron a correr hacia la casa centrar, la del líder, donde su alpha y los dos al mando estaban. Debían ser como las cuatro de la tarde, y ellos se iban a el aeropuerto a las siete, y según los cálculos de Agus, tenían que abrir de la manada a las seis en punto. Ambos tenían miedo, miedo a lo que podría pasar, pero les emocionaba la idea de comp