—Princesa, te amo —Susurró Alfredo a Lucía.
En medio de la madrugada decidió ir a la habitación donde estaba Lucía, después de debatir con sus pensamientos, dejar a un lado la culpa, de una mentira de la cual estaba obligado a recordar todo lo que ha dicho y ha hecho, qué sabía y estaba claro de que Lucía perdería la confianza que ha depositado en él.
Ya estaba a punto de perder, sabiendo que el valor de la comunicación dentro de una mentira es limitado porque disminuye la capacidad de inter