- ¿Qué es lo que quiere de mí, señor?
Preguntó Valeria, temblando de miedo cuando aquel hombre le quitó la venda que tenía amarrada en su cabeza y que no le permitía ver ya que cruzaba por sus ojos.
- Me gustas, y cuando yo deseo algo no paro hasta conseguirlo.
- Pero yo soy la esposa de Balduin Lancasco, y usted vio cuando él me presentó el día de la fiesta.
- Claro que si lo sé, y desde esa noche me di cuenta de que tenía que convertirte en mi mujer. ¡Recuerda que lo bueno debe de comparti