CAPÍTULO 261 — Los días en que el amor aprende a respirar
Milagros estaba sentada en el sillón, con las piernas apenas elevadas y una mano apoyada en el vientre. Afuera, Montevideo seguía con su ritmo habitual, pero dentro del apartamento el tiempo parecía moverse más lento, más amable.
Faltaban pocos días para la boda.
Y gracias a Dios, no había urgencias ni sobresaltos.
Ayden no estaba. Había salido temprano con Benjamín a probarse el traje. Ella lo había visto irse desde la cama, todavía