El aire parecía haberse espesado entre ellos, cargado de electricidad y algo mucho más oscuro. Zander no se movió, sus ojos seguían fijos en los de Alison, pero algo en su expresión cambió, volviéndose más intenso, más afilado. La sonrisa se borró de sus labios, y en su lugar apareció una seriedad que le sentaba inquietantemente bien. Zander tomó la mano de Alison y la guio hasta su oficina, cerró la puerta tras de ellos y acorralándola en ella preguntó:
—¿Quién te dijo eso? —su tono fue más baj