Allí sentado en su cama estaba el hombre, tranquilo, con unas cuantas vendas y muy despierto, sentía que había pasado nada desde haberlo visto por ultima vez cuando le ingresaron a esa sala.
Verlo fue como brisa fresca en un día caluroso, como cuando bebes agua para hidratarte en un desierto, así de refrescante era.
La sonrisa del hombre los recibió, no era tan grande ni brillante como siempre, iba marcada con algunos pequeños tintes de dolor que surcaban su rostro cuando intentaba moverse.
-Me