Si ayer había visto a un hombre triste, llorando, pidiendo y rogando por amor, lanzado a la tristeza, al dolor, a la vida miserable que le toca vivir y cargar por haber sido engañado.
Pero no, este no era el hombre que había visto al llegar a su apartamento, lo encontró bañado, arreglado, con nuevo corte de cabello y para su mayor sorpresa, se había quitado su característica barba, estaba sorprendido.
El traje que tenía puesto demostraba un profesionalismo que estuvo desaparecido en las últimas