Los sonidos de afuera se asemejan al de un campo de batalla. Se estaba haciendo más fuertes, así que entendió que no había nada que pudiera hacer para ayudar a esa mujer a salir con vida, lamentablemente ella eligió este camino. La cabaña estaba completamente rodeada por hombres de negro con pasamontañas cubriendo sus rostros y armados con armas letales.
— ¿Qué diablos?
— ¡Antonio! Que asco cúbrete tus vergüenzas, nos están atacando, no sé quién, ya derribaron a la mitad de los mercenarios ¿Qué hacemos?
Se vistio lo más rápido que pudo, tiro el cuerpo de la mujer al suelo, estaba desmayada y encerrados en esta pocilga sin posibilidades de salir. Miro para todos lados, de derecha a izquierda... La habitación estaba bien cerrada y resguardada, de pronto la puerta de la habitación se rompió a la mitad y entonces, un hombre alto, rubio con ojos verdes, hizo su entrada. Cada vez que caminaba, el sonido de sus botas llenaba todo el espacio. Se escuchó el estruendo de cuando cargó de nuevo s