La desilusión se acumuló dentro del pecho de Elena y suspiró. Estaba teniendo esa conversación en vano. Perdiendo el tiempo. Definitivamente no tenía suerte con los hombres que la rodeaban. Comenzando con su padre y terminando en su esposo.
-Elena- escuchó a su esposo dar un paso en su dirección, pero ella retrocedió. Después lo escuchó chasquear la lengua- Móntate en el auto. Hablemos más cómodos en la casa.
Él se dio la vuelta con obstinación y le abrió la puerta. Se giró para asegurarse que