Mundo ficciónIniciar sesiónAl día siguiente, Briana no quería entrar a la oficina. Tenía que hacerlo, Eduardo la había llamado. Se quedó parada la puerta, con la mano estirada y puesta en la perilla pero sin girar.
No era lo suficientemente valiente para enfrentar a su jefe.—Yo puedo... yo puedo.Pero no le hizo falta al girar, porque la puerta fue abierta y Eduardo apareció del otro lado. Briana bajo la vista, e hizo una mueca.—Pasa —comento con voz fría, y Briana se estremeció.






