En cuanto la señora que trabajaba para la familia Dumas se lo indicó, la chica entró caminando tras ella y observando la perfecta decoración y los muebles de diseñador que iba viendo a su paso.
Enrico no podía evitar estar feliz, por fin su hijo había hecho algo bueno, enamorar a su futura señora, tanto que parecía que ella no podía esperar a conocerlo, toda una Marchetti, impaciente como su padre, haciéndose notar como su madre.
Además, debía admitir que tenía curiosidad por la forma que había