40. Tú eres quien me llena a mí de mariposas.
Ella lo tenía loco con cada uno de sus gemidos, de sus gestos, de su entrega, simplemente hermosa e impaciente.
— No me detendré…—murmuró Enrico bajando con su boca hasta el su valle de Venus, dónde no tardó en abrir sus pliegues y probar su sabor.
El italiano recorrió con destreza su sexo, jugando con su lengua, hasta llegar a su botoncito, el cual tomo entre sus labios, succionándolo de manera suave, dejando a sus manos, vagando por su cuerpo, hasta llegar a sus senos, hasta sus pezones, pequ