25. No quiero ir.

— Me llamo Gregory, no Gregorio.

Replicó al escucharlo, era obvio que no le ayudaría, pero tenía que intentarlo, hacer que el maldito Adrien sirviera de algo y no solo para hacerle perder su tiempo, aunque, lo que le dijo no le ayudaba en nada, peor aún el maldito ya se había marchado sin que él pudiera preguntarle nada.

¿Qué diablos significaba que no fuera ostentoso?

Llamó de nuevo a su secretaria, más lo que ella le pudo decir sobre lo que haría feliz a una mujer lo dejó igual de confundido.
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