20. Tengo kilos de helado y un par de cotilleos.
Danielle le pagó el doble al taxista de lo que Gregory le había dado para que la llevara a otro lugar, era cierto que la compañía del joven le era grata, incluso logró no pensar en el hombre de la azotea la mayoría del tiempo, a excepción de cuando los ojos azules de ese chico se clavaban en los suyos, entonces su mente quedaba inundada con el recuerdo de ese beso que solo deseaba repetir y esos brazos rodeándola con firmeza.
Cuándo el taxista llegó al callejón parecía no tenerlas todas, aquel