127. Tenías razón Danielle
— Bueno, lo primero es confirmar la noticia y luego hacerme padrino del bastardito—. Bromeó para relajar el ambiente ganándose un golpe en el brazo a modo de protesta y un suave puchero de su amiga.
— ¡No le llames así a mi hijo, idiota!
Él pasó el brazo alrededor de la cintura de la chica, tal y como harían una pareja de enamorados, y caminó con ella hasta el ascensor que los subió a la segunda planta, donde esperaron pacientemente a que la llamaran.
Chiara jamás habría pensado que orinar le c