12. No puedo aceptar que me pagues.
Cuando la italiana entraba en la clase de historia del arte, no podía más que escuchar la voz del profesor y perderse en sus explicaciones. De algún modo entendía por qué a su amiga le gustaba aquel hombre, aunque hasta ese día había estado debatiéndose las mil y una razones por las que no debería fijarse en él, empezando por su diferencia de edad de al menos veinte años y terminando por lo inadecuado de fijarse en un profesor, pero en ese instante le era completamente imposible creerse cada co