CAPÍTULO 2: NUESTROS 69 PECADOS
(ADVERTENCIA: EROTISMO RELIGIOSO CON CONTENIDO TABÚ)
Cerró la puerta de golpe y le echó el cerrojo, volviéndose hacia mí. Respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba, su mirada me recorría como si yo fuera un manjar y él un hombre hambriento.
—Pequeño diablo —susurró, con la voz ronca por la lujuria y el tormento—. Has sido enviado aquí para ponerme a prueba.
—Solo soy una mujer, padre —dije, con la voz temblorosa por la necesidad—. Y tú solo eres un hombre